Los mandalas son esquemas sagrados que representan la estructura del universo. La construcción de un mándala en sí, es una “meditación activa”.

Sus orígenes nacen en el Janaismo, Tantrismo, Hinduismo, Budismo y lamaísmo, su nombre hace referencia al sánscrito, en tibetano es KYLKHOR (KYL: centro KHOR: circulo) literalmente seria “el centro de los alrededores”.

Su creación no exige habilidades intelectuales específicas, es una respuesta instantánea, son ejemplos y símbolos cuyo propósito consiste en entender “intuitivamente” las posibilidades infinitas del subconsciente humano.
Básicamente es hallar la sabiduría a través de figuras geométricas que combinadas, instintivamente, y con la magia y la vida de los colores, representan nada menos, que nuestro interior. Un mapa que devela el camino sutil hacia nuestro propio centro, el punto a partir del cual se desarrolla nuestro propio universo.

Existe un punto central, la irradiación de ese punto, el círculo que envuelve al centro y él limite exterior. Estos son los componentes básicos y comunes del mándala.
Desde el punto de vista espiritual, son centros energéticos de equilibrio y purificación que colaboran con la transformación del entorno y de la mente de quien medita en ellos.

mandala

En la cultura egipcia, los mándalas eran utilizados debido a la fuerza que estos transmitían, llenando de energía el lugar y como instrumento de meditación profunda. También se usaban dentro de las casas para atraer la energía o transmutar la negativa en positiva, así como para crear armonía y balance en la morada.

En la civilización China, aun en la actualidad, son utilizados para generar abundancia y prosperidad así como para fortalecer la salud.
En tribus indígenas americanas se hacen presentes en coloridos bordados adornados con plumas y animales nativos.
En algunas tradiciones se empleaban como protección contra los malos espíritus y como una especie de amuleto para promover la valentía y el coraje.

Los mándalas tibetanos de arena suelen elaborarse a pedido de la comunidad con la intención de traer paz y armonía al mundo, a un lugar determinado y a sus habitantes; también son utilizados como valiosas bendiciones y como instrumentos de meditación activa, cuya esencia descansa en su construcción.

Cuando la construcción del mándala termina, se invoca a Buda, para que su bendición permanezca en la residencia. Se dedica el mérito a la sanación del planeta y a sus habitantes.

Uno de los padres de la psicología, Carl Jung, utilizo los mándalas en terapias siquiátricas con el objetivo de alcanzar la búsqueda individual de cada uno de sus pacientes.
Jung elaboró una teoría sobre la estructura de la psiquis humana, sosteniendo que los mándalas representan la totalidad de la mente abarcando tanto el consciente como el inconsciente.

Los mandalas y la psicología
Según la psicología, los mándalas representan al ser humano. Interactuar con ellos es un poderoso instrumento para sanar las fragmentaciones psíquicas y espirituales, ayuda a manifestar la creatividad y a reconectarnos con nuestro ser esencial.

Crear mándalas e interactuar con ellos, ya sea a través de la meditación o con la simple observación, abre puertas hasta el momento desconocidas, dejando que brote de forma libre y natural la sabiduría interior.

La creación de un mandala
La forma en que se dibuja o pinta un mándala tiene un simbolismo especifico. Así, cuando se comienza desde el centro hacia fuera se hace presente una exteriorización de las emociones mientras que, de afuera hacia dentro, es la búsqueda del propio centro y la asimilación del conocimiento, la que se hace presente.

Su minucioso trabajo desarrolla la paciencia y la constancia de una manera progresiva y segura, despertando los sentidos, mostrándonos aspectos propios hasta el momento desconocidos.

A medida que se avanza en la creación o meditación sobre un mándala, se comienza a escuchar la voz de nuestra intuición, desarrollamos de esta forma, la capacidad de curarnos física y psíquicamente, desarrollamos la auto aceptación y la auto observación de una manera natural e intuitiva.

Hay libertad en escoger los materiales para un mándala, desde piedras, arena, tizas de colores, acuarelas, acrílicos, en maderas, hojas, metales, etc . Dibujando, creamos nuestro propio espacio sagrado, dejando fluir las energías de forma libre y natural.

Es aconsejable que el dibujo no sea ni demasiado grande ni demasiado pequeño, establecer de ante mano cual será del derecho del dibujo y moverse a partir de allí, dibujar, trazar, pintar en el sentido de las agujas del reloj ya que ese es el sentido en el que fluye la energía.
Es importante actuar de forma espontánea, sin preconceptos, evitando la excesiva información que condicione el trabajo. Buscar un significado racional a lo que sin duda no lo tiene, puede truncar el valor esencial del mándala.

La meta se alcanza con cada mándala terminado, que paradójicamente, simboliza el comienzo de un camino. Se alcanza entonces un grado elevado de conciencia, en donde todos los seres y todo lo que nos rodea, brillan con la magia de lo único, hallando en el universo la esencia de nuestra alma.

¿Sabes qué son los Mandalas?
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